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“¿Deber o delito? Una nueva perspectiva desde la película el jorobado de Notre Dame”

                                                                                                              Por: Beck Gonzáles

Hace unos días aprovechando el tiempo de las vacaciones en confinamiento decidí volver a ver mi película animada favorita. El jorobado de Notre Dame me emocionó ―e incluso conmocionó― como cada vez que la veo. Pero, ¿por qué? ¿Por qué esta película emociona hasta al espectador más estoico y en su momento muchos no la consideraron apta para niños? ¿Por qué fue tan polémica?

Aquí va la respuesta: porque esta, una de las películas animadas más oscuras de Disney, guarda una alarmante afinidad con nuestra realidad. Y es que uno de los temas más importantes de la película es el abuso del poder y crímenes de lesa humanidad. Esto nos recuerda lo que hemos vivido y lo que aún vivimos, porque Bielorrusia en la actualidad sufre por las torturas a los opositores al gobierno, porque estamos a 40 años del inicio del terrorismo en nuestro país en el que las fuerzas militares tuvieron un doloroso papel, porque estamos ad portas de los 75 años del inicio de los juicios de Nüremberg, y por los muchos etcéteras con los que llenaríamos hojas enteras.

Y es que si algo siempre me llamó la atención de esta película es por qué Claude Frollo, el juez y villano de la película, tenía tanto poder y hacía siempre su voluntad, persiguiendo y matando gitanos indiscriminadamente. Aunque la película no profundiza en ello, las fuerzas militares que vemos a lo largo de la película tienen un papel esencial en los arrestos, torturas y asesinatos, en el “masacrar a gente inocente”, como cuando Frollo encuentra el escondite de los gitanos y los arresta a todos con la ayuda de “mil de sus hombres”, o como cuando ataca junto a las fuerzas militares a la catedral.

Ahora bien, Frollo decía que el no cumplir con sus órdenes era insubordinación: el espectador recordará la escena en la que el capitán de la guardia, Febo, se niega a seguir las órdenes de Frollo de quemar un molino con el dueño y su familia adentro, tras lo cual el juez lo acusa de insubordinación. ¿En realidad es insubordinación? ¿Siempre un militar subordinado a su superior debe de acatar la orden? ¿Hasta dónde llega la obediencia?

En el derecho penal existe una figura que elimina la responsabilidad penal que puede acarrear una conducta antijurídica. Esta es la obediencia debida, que está regulada en nuestra legislación. De hecho, queda exento de responsabilidad penal quien actúa por orden obligatoria de la autoridad competente en el ejercicio de sus funciones, tal como lo señala el artículo 20 inciso 9 del Código Penal. Pero en realidad no es tan simple como eso aplicar esta causa de justificación, no es que un soldado pueda excusarse por sus actos antijurídicos por el simple hecho de citar a la obediencia debida, sino que deben de cumplirse ciertos requisitos para saber si esta se puede aplicar al caso.

¿Cuáles son los requisitos? Son tres: subordinación, orden obligatoria y contenido de la orden. Pero hay que explicar más detalladamente esto. El primer requisito, la subordinación, implica que debe de desarrollarse en el ámbito público: no hay subordinación en el ámbito privado. El segundo requisito es que la orden debe de ser obligatoria, lo cual quiere decir que debe de haber sido dada por un funcionario público competente. Por último, el tercer requisito implica que la orden debe de tener apariencia legal. Esto quiere decir que una orden no puede ser evidente y manifiestamente ilegal, sino que se debe de creer que se actúa conforme a ley.

En El jorobado de Notre Dame hay muchas escenas de los abusos cometidos por los militares bajo las órdenes de Frollo, pero solo me enfocaré en una de ellas para analizar si se puede aplicar a estos casos la obediencia debida. En una escena vemos a Esmeralda, la protagonista, danzando en las calles, tras lo cual dos soldados intentan arrestarla. ¿Ellos podrían decir que solo seguían órdenes? Hay que ver si se cumplen los requisitos. En primer lugar, sí cumplen con el requisito de la subordinación, porque pertenecen al ámbito público, dado que son las fuerzas militares de la ciudad. En segundo lugar, la orden sí es obligatoria, ya que Frollo dio la orden de que todo gitano debe de ser encarcelado, y él sí es un funcionario público competente para dar una orden; de hecho, él es la persona encargada de cuidar el orden en la ciudad.

Hasta el momento sí se cumplen los requisitos, pero falta el último y el más complejo: el si la orden tenía una apariencia legal. Arrestar a alguien sin ninguna razón, solo por el hecho de la cultura a la que pertenece, es abiertamente discriminatorio y una violación a los derechos humanos, puesto que se está atentando en contra de uno de los derechos más importantes de una persona, que es la libertad. Atentar contra la libertad de Esmeralda por ser gitana es indudablemente ilegal y no tiene ningún sustento, y los soldados lo tenían claro, porque es evidente. Siendo así, los soldados eran totalmente conscientes de que su conducta no se ajustaba a derecho, dado que la orden que habían recibido se encontraba desprovista de toda legalidad. Al no cumplirse el tercer requisito, no se puede hablar de la obediencia debida.

Llegado a este punto del artículo el lector me dará la razón en afirmar la similitud de esta situación con tantas otras que se han dado en la realidad. Sin ir más lejos, muchos de los militares sentenciados por delitos durante el conflicto armado interno se han intentado acoger bajo esta causa de justificación. Pero así como en la película los militares eran conscientes de que arrestar a Esmeralda por ser gitana era ilegal, los militares que cometían toda clase de atrocidades también eran conscientes de que eso era ilegal. Falta la apariencia de legalidad. Por eso en los delitos de lesa humanidad no se puede aplicar esto, porque es obvio que la conducta atenta contra el derecho.

El cine y las artes pueden ayudarnos a vislumbrar de una manera más clara la actuación real de toda clase de personas. Hoy vimos a los militares en una película animada, que por más increíble que pueda parecer, nos acerca a los casos de lesa humanidad cometidos en la historia. ¿Deber o delito? Delito, y no hay justificación para ello.

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