TED BUNDY: ¿Imputable o inimputable? Un análisis desde el concepto de psicopatía, la criminología forense y la culpabilidad

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TED BUNDY: ¿Imputable o inimputable? Un análisis desde el concepto de psicopatía, la criminología forense y la culpabilidad

Por Nadia Ibarra

“Conversaciones con asesinos: las cintas de Ted Bundy” es un documental de Netflix que narra el caso del asesino Theodore Robert Crowell (1946-1989), quien ha sido catalogado por la historia como el primer asesino en serie de los Estados Unidos. Pero ¿era este asesino un psicópata?, a continuación hablaremos sobre la psicopatía y la culpabilidad para determinar si Ted Bundy sería imputable o no en Perú.

Las teorías que tratan de definir el concepto de “psicópata” han variado históricamente, empezando desde la división de la psicopatología clínica en tres grandes secciones: la neurosis, las personalidades anormales y las psicosis (Zazzali 2000:77). La psicopatía se encuentra en la segunda sección, junto a las personalidades psicopáticas. El Manual de Diagnóstico y Estadística de los trastornos mentales DSM-IV, indica que el “trastorno antisocial de la personalidad” (como se llama comúnmente en la actualidad a la psicopatía), se caracteriza por una falta de consideración sobre las normas sociales-morales y legales. En resumen, estos tienen la capacidad de razonar y se integran a la sociedad, pero carece de moral y empatía.

Es muy importante diferenciar esta categoría de los psicóticos, pues estos pueden sufrir de alucinaciones, lo que los hace ajenos a la realidad y alteran su percepción de esta; y, también pueden presentar sentimiento de culpa. Por otro lado, como ya hemos mencionado, los psicópatas sí pueden ser racionales, son conscientes de sus actos, “su proceder es muy específico, y no puede ser confundido con la vida de un delincuente habitual motivado por obtener un claro objetivo, o con la de un oportunista sin escrúpulos que, en la consecución de sus deseos egocéntricos, meramente se despreocupa de las necesidades y derechos de los demás” (Cleckey 1964: 34). Es decir, realiza los actos delictivos sin la finalidad de obtener un beneficio, a veces incluso, sin propósito claro o razonable.

Ahora, las aptitudes de Bundy encajaría en los aspectos de un psicópata perverso. Este tipo de psicópata carece de la posibilidad de generar empatía con los demás y en ellos repercute su socialización, ya que desde temprana edad demuestran conductas atípicas, “gozan de martirizar animales que caen en sus manos, sexualmente precoces, se deslizan fácilmente hacia los delitos del mismo orden.” (Cabello 1981: 458). También tienen tendencias a la piromanía y a consumir pornografía, lo que estimula sus deseos sexuales perversos.

Los psicópatas perversos arrastran su conducta asocial o antisocial durante toda su vida, haciéndola parte de su propia personalidad: “el psicópata delinque con su personalidad, el psicótico con su enfermedad” (Cabello 1981: 458). Son incorregibles, su conducta no obedece a ningún patrón, no se inmuta con los estímulos sociales que tratan de limitar las conductas delictivas (castigos y recompensas).

Sobre el concepto de inimputabilidad

Antes de definir el concepto de “imputabilidad” citaremos a Villavicencio: “La realización del injusto penal (conducta típica y antijurídica) no basta para declarar al sujeto culpable. Es necesario que el autor posea ciertas “condiciones mínimas” – tanto físicas y psíquicas” que permitan comprender la antijuricidad de su acción y de poder adecuar su conducta a dicha comprensión”. (Villavicencio 2014: 595). Esto nos da un panorama sobre la conducta volitiva (“voluntad”) y la teoría del “libre albedrío”; como señala Zaffaroni “diríamos que la imputabilidad es un presupuesto subjetivo y típico del delito, consistente en – la capacidad de actuar con voluntad libre” (1966:69).

En resumen, podemos decir que la inimputabilidad es la ausencia de culpabilidad o de ser capaz de adecuar la conducta. El artículo 20.1 del Código Penal peruano indica lo siguiente:

Artículo 20.- Está exento de responsabilidad penal:
1. El que, por anomalía psíquica, grave alteración de la realidad o por sufrir alteraciones en la percepción, que afectan gravemente su concepto de la realidad, no posea la facultad de comprender el carácter delictuoso de su acto o para determinarse según esta comprensión.

Este artículo configura las características (la anomalía psíquica) por las cuales el sujeto sería considerado inimputable e incapacitado de comprender la antijuridicidad de su acción, esta condición se define bajo un criterio-biológico normativo (Villavicencio 2014: 599) o psicológico normativo.

La imputabilidad integra la culpabilidad como el análisis de la capacidad psíquica: “es la actitud psíquica de autogobernar el comportamiento por el temor al castigo (pena) con que en la norma penal se conmina la realización de cierta conducta” (De Toledo y Ubieto, Huerta Tocildo 1986: 335). Pero no basta con el análisis de la capacidad psíquica para que se configure esta inimputabilidad, sino que hará falta un análisis de la capacidad de la persona de actuar según el derecho, este análisis debe ser uno de juicio normativo.

Sobre la inimputabilidad del psicópata

En la academia existen distintas posturas sobre la inimputabilidad del psicópata. Por ejemplo, Villavicencio señala que pese a la confusión que pueda generar el término o definición de psicopatía, se aceptará que es un inimputable pues ya que sufre una alteración del elemento afectivo de la personalidad y esto lo lleva a no poder “internalizar valores ni castigos, por lo cual es absurdo que el derecho penal pretenda exigirle que los internalice y reprocharle que no lo haya hecho” (Villavicencio 2006: 602).

Por otro lado, el argentino Frías Caballero sostiene en una sentencia sobre un asesino psicópata que “ya fuese por no comprender o no poder adecuar su conducta a dicha comprensión, origina la declaración de inimputabilidad” (Tenca 2009:77). Caballero añade una diferencia entre la capacidad intelectiva y “comprender” en sentido amplio, sosteniendo que “la riqueza semántica y conceptual de la frase comprender la criminalidad (valor) del acto, alude a la capacidad de aprender o captar positivamente el disvalor ético-social de la propia conducta” (Tenca 2009: 77) y como parte de nuestro análisis ya hemos explicado que son características de las que carece el sujeto psicópata.

En el supuesto de la imputabilidad, estudiado en base a la falta de capacidad del sujeto, contrasta con la inimputabilidad ya que esta no trata de un juicio de esta capacidad, “sino un juicio de asignación social de un determinado orden racional” (Bustos 2004, 162). En este sentido, Meini agrega que “la inimputabilidad se producirá, entonces, solo cuando la persona con deficiencias psicosociales o intelectuales se encuentre en una situación que no le permite comprender la norma, de acuerdo a los estándares fijados por la sociedad y el Derecho” (2014, 116-122).

En conclusión, la regla general es que el psicópata es inimputable, solo podría ser imputable excepcionalmente.

Imputabilidad del Psicópata

Para analizar la imputabilidad del psicópata se debe realizar un peritaje psicológico, esta es una herramienta que usa la criminología y el derecho penal, por medio de información que otorga un especialista en psicología forense, para que el juez pueda apoyar su decisión sobre la imputabilidad o inimputabilidad del psicópata.
Para realizar esta evaluación se utilizan dos criterios:

  1. Criterios diagnósticos del Trastorno de la Personalidad Antisocial (TPA) en el DSM-IV (Manual de Diagnóstico y Estadística de los trastornos mentales).

  2. Tradición clínica europea y norteamericana reflejada en los escritos de Cleckley (Cleckley: 1976) y en la lista de chequeo de Hare sobre el rango completo de sintomatología psicopática.

Esto ayuda a probar si el sujeto configura alguna característica evidente de la psicopatía. En adición, “el doctor Robert D. Hare desarrolló un instrumento conocido como “Inventario de Psicopatía (IP-R), que incluye dos factores: 1) rasgos centrales de la personalidad psicopática y (2) estilo de vida antisocial.” Sobre estos señala que “Incluyen labia, y encanto superficial, auto valía grandiosa, tendencia a las mentiras patológicas, falta de empatía y remordimientos” (1990)

En cuanto a los dos criterios principales (a y b), el primero va más allá del análisis de rasgos centrales de la psicopatía e incluyen aspectos conductuales del trastorno (conductas antisociales), el segundo se centra en la disfunción emocional (síntomas afectivos), lo que ocasiona que algunos encajen en el primero, pero no en el segundo y viceversa. Esto dificulta más el intento de un análisis “objetivo” del trastorno psicópata. Debido a esto, a este análisis se deben agregar otros factores como estudios del contexto del paciente que hará el psicólogo forense que no cumple el papel de un psiquiatra en estricto.

Asesinos en Serie

Anormalidad de los asesinos en serie

El asesino en serie, más conocido como “serial killer”, “es una persona que asesina a tres o más personas en un lapso de treinta días, dejando un periodo de “enfríamiento” (cool-off) silencio o “reposo” entre cada asesinato y cuya motivación se basa en la gratificación psicológica que le propicia dicho acto”. (Romi: 176). Esta clase “especial” de delincuentes se caracterizan por emplear “sadismo, fantasía y compulsión por matar” (Romi: 176).

La primera se caracteriza por el deseo de ejercer control sobre sus víctimas, sensación de poder y dominación, junto al disfrute del dolor, indefensión y la humillación que se ejerce en la víctima en esta situación, esto puede llegar incluso a la tortura (Schlesinger: 2000).

La segunda nos explica el carácter “soñador” del asesino, que constantemente está imaginando situaciones sádicas. Este constante fantaseo es lo que lo mueve y lo motiva a satisfacer sus deseos, lo lleva a un punto en el que la tensión interna es insostenible (Scheleinger: 1997).

La tercera se relaciona a la compulsión incontrolable que experimenta el asesino por querer matar a su víctima, ante esta, sus intentos de resistirse le causan ansiedad y no podrá controlar su tensión hasta que cometa el acto y se “libera” (Schleinger: 2000).

Entre sus delitos, suelen camuflarse muy bien, ya que utilizan los periodos de enfriamiento para no levantar sospechas sobre sus actos. Pero al momento de delinquir no pueden esconder la fascinación y placer que sienten por asesinar, violar o torturar a su víctima.

Este tipo de asesinos no buscar cometer el delito por alguna motivación externa (religiosa, política, ideológica) o porque el asesinato en sí justifique un fin (como pertenecer a una organización criminal), sino que el fin es el placer del sadismo.

Estos sujetos presentan una correlación entre los abusos de su infancia y los crímenes que cometen, lo que los lleva a presentar sentimientos de imputabilidad, inutilidad y minusvalía. Frente a estos sentimientos, los crímenes suelen ser una suerte de “venganza” y confirmación de su “poder”.

El caso de Ted Bundy

Biografía y características sobre su psicopatía, según el documental

Analizaremos el caso de Theodore Robert Crowell (1946-1989), y a la par iremos identificando características de los psicópatas perversos y asesinos seriales.

Conocido como “Ted Bundy”, fue un asesino en serie nacido en Burlington, Vermont, USA. Fue hijo de Eleanor Lousie Cowell quien lo tuvo cuando era muy joven, con un hombre cuya identidad nunca dio a conocer. Por esta razón hizo pasar a Bundy como su hermano menor, haciéndole creer que sus abuelos eran sus padres. Su entorno familiar era violento, su abuelo le pegaba a su abuela y su verdadera madre lo trataba con cierto rechazo.

Estas condiciones de su infancia definen su estado depresivo y de descontrol, Bundy se entera de que es hijo de su madre y que esta lo ha negado, esto genera en él una venganza y decepción que sumado a su situación emocional y desequilibrio mental empieza a configurar su sed de crimen y a generar un rencor sobre las mujeres.

En su adolescencia Bundy torturaba animales, era retraído y no tenía muchos amigos en la escuela. Disfrutaba de hacer deportes, pero se frustraba constantemente por no tener habilidades para ello, generando un odio a perder. Siempre buscaba reconocimiento, por lo que postuló a presidente de su clase, pero fracasó por la poca popularidad que tenía.

Los asesinos en serie suelen tener impulsos extremadamente sádicos y presentar obsesiones con la tortura animal y la piromanía. Esto lo explica Romi en su texto sobre asesinos seriales: “Desde niños pueden tener antecedentes de actos de piromanía, comienzan con incendios por la sensación de destruir cosas y siguen con el zoo-sadismo (crueldad sobre los animales) (178).

Tiempo después se inscribió en la Universidad de Puget Sound y empezó a estudiar psicología. En 1967 conoció a Stephanie Brooks, por quien desarrolló una obsesión. Ella terminó la relación luego de dos años, porque vio en él una falta de madurez y ausencia de objetivos claros.

Bundy experimento en esta etapa una predisposición por la pornografía, especialmente la sádica, lo que configuró una idea de la mujer como “objeto sexual” y unas ansias por poder demostrar también un poder sobre ellas. Desde aquí se perfilaba como asesino sexual serial, porque sometía a sus parejas sexuales a un sadismo que se salía de control.

Bundy terminó los estudios de psicología e intentó estudiar derecho en la universidad de Washington en 1973. Se involucra en política, se vuelve partidario republicano. Incluso tiene una participación en un programa de citas televisado en el que el presentador lo elogió catalogando como “el yerno que toda madre quiere tener”. También participó en un grupo comunitario especializado contra la violencia sexual, en el que atendía llamadas de denuncias y aportaba con ideas para medidas preventivas. Incluso fue condecorado en Seattle por salvar a un menor de ahogarse.

Bundy no escogía sus víctimas al azar, todas tenían las características de su ex novia Stephanie Brooke, pelo lacio, delgadas y morenas, chicas indefensas ante las que se presentaba como el tipo “carismático y confiable”. Simulaba tener un brazo roto para que ellas lo ayudaran, las dirigía a algún lugar en el que puedan estar indefensas y las sorprendía estrangulándolas o golpeándolas hasta hacerles perder la consciencia.

El mismo declaró para su amiga escritora Ann Rule: “Después de numerosos test y demás exámenes, ellos me han encontrado normal y están profundamente perplejos. Los dos sabemos que ninguno de nosotros somos normales. Tal vez lo que yo debería decir es que ellos no encuentran ninguna explicación para fundamentar el veredicto y otros alegatos” (Escrito con sangre, 2009).

Este asesino usaba métodos de aproximación como la sorpresa y métodos de ataque como la amenaza verbal, el ataque por la espalda con arma blanca y órdenes verbales. Era un asesino organizado porque, aunque elegía a sus víctimas al azar, igual planificaba sus métodos con anterioridad y dejaba limpia la escena del crimen. Empieza a cometer sus asesinatos en 1974 y los números oficiales de sus víctimas fueron de 36 mujeres, pero se sospecha de un número que rondaría las 100. Escapó de la cárcel en dos oportunidades, debido a su poder de manipulación. Le fascinaba hablar para la prensa y ser el centro de atención, desafiando incluso a los efectivos policiales. Despidió a sus abogados argumentando que no querían defenderlo, luego consiguió que el juez lo dejara ser su propia defensa aun cuando no había terminado la carrera de derecho. A sus juicios asistían señoritas que decían ser parte de su club de fans.

Aún es un caso inexplicable para el FBI y el primer asesino en serie de esa época en USA. Fue condenado en Vermont, Washington, Oregon, Utah, Iaho, Colorado y finalmente fue sentenciado a pena de muerte en la silla eléctrica en Florida. Esto último sucedió en 1989 y, al igual que sus juicios, fue el primer evento de asesinato televisado, en el que mucha gente esperaba verlo morir e incluso comercializaban productos con frases como “Arde, Ted, Arde”.

¿Imputable o inimputable?

Para finalizar, Ted Bundy presentaba rasgos típicos de un asesino perverso: sádico, fantasioso y compulsivo por matar. Asesinaba a sus víctimas, las violaba, les introducía objetos por los genitales mientras estaban vivas, las descuartizaba en el acto y practicaba la necrofilia con ellas. Una de las pruebas que se utilizaron en su contra y que revolucionaron las pruebas en crímenes sexuales son las muestras que se sacaron de su dentadura en el busto de una de sus víctimas, ya que le había dejado una marca sumamente profunda.

Conservaba partes de los cuerpos de sus víctimas para guardarlas como trofeos de sus crímenes y como él explica, no podía saciar sus ganas de asesinar, llegando incluso a perpetrar un crimen en la misma calle en la se encontraban los cadáveres de su último delito y a la par de la investigación policial que se estaba realizando de las mismas.

Podemos decir que este asesino cumplía, en su mayoría, con el estilo de vida característico de un psicópata: Impulsividad, deficiente control de la conducta, necesidad de excitación continuada, falta de responsabilidad, problemas precoces de conducta. Su deficiencia afectiva, falta de empatía, falta de culpa o arrepentimiento hacen contraste con su “encanto superficial” y “locuacidad”, las que lo ayudaban a pasar desapercibido.

Además de encajar perfectamente en la definición de asesino serial, Bundy era consciente de que su coartada era pasar desapercibido debido a su carisma, su nivel de educación, su práctica religiosa, su facilidad para socializar y su relación sentimental estable en el tiempo.

Lo anteriormente mencionado, son características que podríamos definir como “normales”, pues se consideran parte de todo individuo normalmente socializado. Sin embargo, Bundy también presenta características marcadas que encajan en el perfil psicológico de un psicópata, lo que nos lleva a calificar su inimputabilidad.

  • “Encanto superficial y locuacidad”: era apuesto, inteligente, joven, todo lo que le favorecía para poder aparentar una “normalidad”, ocultar su impulso asesino y generar confianza ante sus víctimas.
  • Egocentrismo y sentido exacerbado de la autoestima: era demasiado narcisista, en los juicios resaltaba siempre sus conocimientos y sus habilidades, dejando en claro que todos estaban equivocados sobre su juicio, menos él.
  • Falta de remordimiento: nunca se arrepintió de sus crímenes, solo confesó para poder dilatar su proceso, pero nunca sintió culpa.
  • Ausencia de empatía: no podía desarrollar el “role playing”, ponerse en el lugar del otro.
  • Mentiroso y manipulador: además de sus víctimas y a su novia, Bundy manipuló al juez, a los oficiales, a los psiquiatras, a la prensa y al público.
  • Emociones superficiales: en medio de la controversia se mostraba indignado y frustrado, decepcionado de las “falsas acusaciones”. Además, en la relación con su novia siempre fingió sentimientos para cubrir su obsesión y controlar su impulso por hacerle daño.

Por todo lo mencionado sobre Ted Bundy podemos concluir que:

  • No tenía el poder de control sobre sus acciones, pero sí tenía conocimiento sobre que estaba cometiendo delitos. Esto se puede ver reflejado en cómo estudiaba las penas y la teoría para armar su propia defensa, por lo que era consciente sobre el manejo del derecho.
  • Aún así, no comprendía la antijuricidad de sus actos, pues estos derivaban de un impulso insaciable característico de un psicópata perverso. Él explica que este deseo de infligir daño a las mujeres, que fueron sus víctimas, funcionaban como una especie de droga o adicción, algo que no podía dejar de “consumir”.

En conclusión, Ted Bundy sí podía comprender la criminalidad del acto, pero no podía dirigir esas acciones a la comprensión por su deficiencia de carácter afectivo, moral y empatía. No es un sujeto reprochable socialmente debido a esa imposibilidad de control y sí era un sujeto peligroso para la sociedad ya que no había forma de reformarlo. Por todo lo anteriormente mencionado, Theodore Robert Crowell sería calificado como un sujeto inimputable en nuestro sistema jurídico, además de ser un sujeto potencialmente peligroso para la sociedad.


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